lunes, 19 de agosto de 2013

Chicos en la trampa

Revisando los archivos de mi disco duro encontré varias historias que escribí cuando estaba en el CETIS 79. Una de ellas fue "la vuelta" de un relato juvenil de un libro cuyo nombre me acuerdo pero me gustó mucho. El relato en cuestión tal cual lo encontré es el siguiente:

Chicas en la trampa
Cuando el Lechuga nos comunicó que la película del Radio era  “Chicas en la trampa", el título sólo, nos llenó la cabeza de sugerencias despertando en nuestros miembros adolescentes una concupiscencia hasta ese momento desconocida. La recomendación del Lechuga era palabra de calidad. De todos era conocido que el Lechuga era el más jarioso del grupo, no había día en que no nos hablara de alguna película porno o de Playboy, y en su calificación las películas suecas y danesas eran las mejores. Todavía tenía la colección de fotos de mujeres desnudas más envidiada de la escuela; sólo superada por la de Landa, con la diferencia de que Landa no compartía su material con nosotros. Del Lechuga recibimos la recomendación de la película "Natalihe", y no nos defraudó; por eso cuando supimos de "Chicas en la trampa", nunca dudamos cada uno por nuestra cuenta en asistir. Esa tarde llegué como siempre antes que la función empezara. Mientras esperaba a que dieran las 4 de la tarde daba vueltas a la manzana pues para un menor no era tan sencillo entrar a los petrocinemas, por lo mismo nos dábamos nuestras mañas para entrar. En primer lugar justo a las 4 de la tarde había que entrar al cine y quedarse viendo las carteleras hasta que de reojo veíamos que la taquilla quedaba desocupada y eso era porque un adolescente formado siempre llamaba la atención. Entonces cuando sólo había una o dos personas, corríamos a la taquilla, comprábamos nuestra entrada y la entregábamos al boletero sin dirigirle la mirada, serios, con la seguridad en el rostro de que íbamos a entrar. Ya adentro en la oscuridad era más fácil pasar desapercibido. Siempre buscábamos el asiento más apartado, a veces preferíamos estar al lado de las grandes columnas, para que en los intermedios éstas nos sirvieran de escondite. 
El día de la función de "Chicas en la trampa", antes tuve que aguantar una película chafa, pues era común que junto con una buena película, pusieran otra de pésima calidad. Cuando estaba el intermedio antes de la función de calidad, siempre sentía mariposas en el estómago; una ansiedad que me agradaba y que con el tiempo, cada vez que tengo una espera, me viene junto con la ansiedad una connotación sexual, como si estuviera esperando la proyección de una películaXXX. La función empezó sin grandes preámbulos. La historia era lo de menos, lo que nos importaba eran las escenas de amor, en las que el chico guapo ligaba con todas las mujeres de la película, como un semental de la mejor casta. Esperé un poco, primero salieron un grupo de hippies en un auto junto con unas chicas rubias, jóvenes sí. pero que estaban más cerca de la adultez que la adolescencia . Luego siguieron los mismos hippies en una fiesta en la que todos bailaban divertidos, fumando mariguana y bebiendo alcohol. Más adelante los mismos hippies ebrios y dormidos, mientras dos de ellos un hombre maduro y una joven hacían el amor, mostrando cuando mucho el torso de ambos. Mi ansiedad había llegado a su límite Esperaba que en cualquier momento irrumpiera un transporte escolar lleno de chiquillas libidinosas con zapatos de charol, calcetas y minifalda para iniciar la orgía, pero no. Nunca hubo una chica que se aproximara siquiera a los 17. La película (Si es que a ese pseudodocumental se le puede llamar película) concluye con la salida de los hippies en el mismo auto en que entraron. Ni siquiera me esperé a ver los títulos, había que salir mientras la.-luces aún estaban apagadas para no encontrarse con nadie a plena luz.
Al día siguiente me fui sobre el Lechuga quien daba explicaciones a Irving, Landa, Pech, Samuel, Rulo, Rafa, etc. etc... sobre la mala recomendación. Todos habíamos estado ahí, aunque no nos vimos y todos al mismo tiempo le reclamamos al Lechuga, quien acabó por confesarnos que la película no la había ido a ver y que su juicio, así como el de las demás películas que nos había recomendado, se basaba en las fotos de las carteleras que las anunciaban, pues él como tenia el tamaño  de un niño siempre era detenido antes de entrar a la sala y nunca había podido estar en ninguna función. De la pura sorpresa hasta el disgusto se nos olvidó, nos echamos a reír sin compasión, sin reparar que en realidad los chicos en la trampa habíamos sido nosotros.

Increiblemente ni yo me la creo que haya escrito esto jajajaja. En el próximo post mas historias de mi época de chico cetis xD.